Producto de una caprichosa deliberación o de un magnánimo compendio de preceptos (posiblemente imaginario)
De nuevo, la acción deseada permite que se le controle y, como era de esperar, su espacio vital elegido es un escenario dicotómicamente adornado. Como si no fuese suficiente, actuar en este caso (recordemos la confusa compañía del deseo) implicaría negar mi actualidad, porque estaría interrumpiendo un curso de las cosas parecido al que alguna vez me trajo hasta acá. No obstante, quisiera que algo pudiese ser comprendido: la presencia real debe ser reemplazada por una presencia simbólica. Lo simbólico en este caso es necesario.
Podría descaradamente afirmar que simbólicamente estoy afectado, pero como ello no implica una presencia real, puedo sentir libremente. Así no hay sombras sigilosas que continúan atravesando desde su proximidad sino que hay un cúmulo de experiencias modeladas que, claramente, pertenecieron a otro pero que adquirieron la forma de aquel que fue atravesado. En otras palabras, sería un otro interiorizado y que en ese proceso adquirió la forma del que interioriza. Sí, esto podría llamarse sin problemas una superación.
Si hace algunos años hubiese tenido claridad sobre esto, habría evitado tantas de-construcciones innecesarias. Pero quizá entenderlo no implica saber realizarlo. Hoy lo problemático resulta ser que, en medio de tantas prevenciones, deseo ser el único que pueda atravesar y que cuando lo haga yo quede impregnado, a tal punto de sentir que puedo hacerlo de nuevo sin perderme, sin aniquilarme.
Pero hay un segundo momento...el cual es desafiante, es lo no-logrado: la mutua afectación no puede partir de una idea utilitaria sino de una búsqueda de equilibrio. Ya no soy yo sólo y puedo dejar de ser yo o compartir lo que ya soy. Éste es el estandarte que construí con mi "conciencia humanizada", el cual ha servido para enfrentar lo que podemos nombrar "presente". Juntos lo pronunciamos y tímidamente esperamos que de nuestras palabras nazca una estrella verde con flores y volcanes.
Entonces, volviendo a ser sólo yo, desviar la mirada y callar es un intento de permitirle tal experiencia, pero debo admitir que una presencia real es mi mayor miedo y, mi mayor reto, es entender cómo funcionan las presencias simbólicas. Todo esto para poder decir esa frase otra vez, porque quiero pronunciarla cuando sienta que lo que siento brota como sangre, rojo escarlata, hirviendo y así diluir mi cuerpo en aquella sustancia.
Me sorprende algo en todo esto que escribo, pues parece ser la abstracción de otras cosas ya escritas, pero no está demás ampliar las heridas en la tierra y hacerlas más hondas para asegurar un mejor entierro. Alguien escribió y llamó mi atención: "Los puntos finales tienen forma de hueco, allí se entierra lo antes dicho".
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