Cuando la filosofía era aún tan adversa a mis deseos y cuando los límites de mi acción parecían no definirse por la intensidad de estos... me encontré con las palabras que marcarían cada intento por ordenar mi pensamiento y materializarlo. Eran las razones de un autor explicando sus Marginalia, en las que, parafraseando su composición, se expresaba el olvido de las cosas a partir del ejercicio de empuñar la pluma y deslizarla coherentemente. Todo este empeño lógico y organizado, me ha parecido entonces el medio más atractivo para codificar sensaciones, aunque la real intención sea sepultarlas y dejar que el tiempo oculte sus tumbas.
Si, aquí tiene entonces sentido el oficio de sepulturero y su espacio vital: el cementerio...
Me gusta, quiero leer más de la materialización de tu pensamiento por medio de las palabras, seguro me mostrarás algo de ti que aún no conozco.
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