lunes, 19 de septiembre de 2011

Juegos Miméticos!

Hace algún tiempo tomé el Efecto Matrioshka (veáse entrada antigua) como una metáfora para nombrar el hecho de interiorizar las experiencias con los otros. Uno viene siendo como una muñeca rusa, compuesto por muchos Otros que determinan la experiencia pero que también pueden llevar a consolidar una consciencia de sí. Dentro de la muñeca expuesta en el mundo hay muchas otras, de esta manera funciona como un contenedor de experiencias que se actualizan en el día a día. En consecuencia, nunca resulta ser una imagen definitiva, siempre se supone la capacidad metamórfica del sujeto que vive su mundo, la última muñeca, la última capa que recubre una existencia concreta, siempre será provisional.  No obstante,  hay un riesgo en la actualización constante a la que se está obligado: las capas internas pueden ejercer cierta hegemonía para sobreponerse sobre las demás y eso está determinado necesariamente por el estado de la capa exterior... integrada (un todo con sus partes definidas) o fluctuante (expuesta a la contingencia y aterrada por la multiplicidad de sentidos). Así, puedo explicar cómo una de mis partes internas, un Otro paradigmático, se superpuso por mucho tiempo y determinó sentidos que hoy componen una imagen patológica contenida.  Sin embargo, no daré vueltas sobre la historia del paradigma, sino que me he interesado por una imagen compleja que hallé revisando mis experiencias: la habilidad mimética; la cual vendría siendo el principio de acción del efecto Matroishka.

La capacidad de imitar es condición de cualquier proyecto de humanidad. En primera instancia, podemos pensarnos humanos en la medida que otros humanos se muestran humanos (últimamente simpatizo con la frase: "el hombre no es por naturaleza lo que debe ser") y también en tanto podemos imitar esos modelos de humanidad. Entonces terminamos siendo un Otro pero no lo somos exclusivamente, puesto que nuestra formación supone el encuentro con muchos modelos. Esta disposición mimética está atravesada por un deseo, esto es, un deseo de ser otro y la sola existencia de una consciencia del otro. La curioso de mi experiencia fue interiorizar rasgos de otro para presentarlos a un tercero, fue una fragmentación total. Los presenté sin mayor decoro, expuse mis capas o, más bien, mi capa paradigmática, expusó mis otras capas para hacerse atractiva. Sí, dentro de mi modo de relación con las demás personas siempre estuvo el pensamiento consciente de los rasgos que serían agradables para el paradigma, y así hubo un esfuerzo por copiarlos y hacerlos expresión de un cambio... (Hey! He cambiado...No soy el mismo de hace un año...)

En definitiva, diría: siendo otro desée ser momentáneamente otros para agradar más a un otro. Craso error, porque la apropiación que hice del mundo, basándome en los otros, estuvo mediada por una intención que obligaba a un olvido de mí mismo. Lo que creía haber ganado al estar con otras personas, no fue encaminado a la identificación de mí mismo, sino al proyecto futuro de reencuentro con el tan nombrado paradigma. De esta manera, entradas como:  La Promesa Enfrascada, Acero, Frente al Paradigma Fundante son la concreción de ese proyecto. 

Lo anterior, no evidencia el abandono de la creación de un sello del pasado. Los símbolos me son necesarios y estoy obligado a generar memoria de lo acontecido. Lo bueno de todo esto es que actualmente estoy más relajado, ya que cada vez que leo mis días, sé que tomé una decisión conveniente y no fue un acto egoísta... Quiero entonces intentar hablar y escribir menos sobre el paradigma, porque entre la capa paradigmática y el presente yace detenida la imagen del exceso, la destrucción de sí y la desesperación (toda la inestabilidad psiquica)

Hoy... intento cubrir esta capa con impulsos reparadores, ya sabemos que cubrir es interiorizar, nunca será negar, y en este trabajo funciona tan bien la palabra: autodeterminarse...




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